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19/04/2020Cucho y los niños

Cómo los niños quieren al conejito Cucho
Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, un conejito llamado Cucho. Tenía pelaje suave y marrón unos ojos grandes y brillantes que reflejaban toda la alegría del mundo. Cucho no vivía en una madriguera como los demás conejos, sino en un jardín especial, lleno de flores coloridas y arbustos que formaban pequeños laberintos.
Desde el primer día que Cucho saltó en el jardín, los niños del pueblo comenzaron a visitarlo. Al principio, solo algunos se acercaban tímidamente, pero pronto todos los niños querían conocerlo. Cada tarde, después de la escuela, corrían a su jardín, emocionados de ver qué travesuras había hecho el conejito.
A Cucho le encantaba que los niños lo rodearan. Se acurrucaba entre sus pies y recibía caricias, sonrisas y risas. A veces, se sentaba en una esquina del jardín y se quedaba mirando, mientras los niños jugaban a su alrededor. Pero lo que más le gustaba a Cucho era que, cuando alguno de los niños caía, él saltaba hacia ellos, como si quisiera decir: «No te preocupes, yo te cuido».
Un día, en una tarde soleada, los niños decidieron hacerle un pequeño regalo a Cucho. Recolectaron flores y hojas de colores brillantes y las tejieron en una corona. Con mucha delicadeza, se la pusieron en su cabeza, y Cucho, al sentirse tan especial, saltó de felicidad.
“¡Cucho es el conejito más querido de todos!”, decía Chana, abrazando a Cucho con toda su ternura.
Los niños comprendían que Cucho no solo era un conejito adorable, sino que les enseñaba algo muy importante: que la verdadera amistad no necesita palabras, solo gestos llenos de cariño.
Desde ese día, todos los niños sabían que el conejito Cucho era su amigo más fiel. Y cada vez que alguien preguntaba por él, todos respondían con una sonrisa: «Cucho es nuestro conejito, y lo queremos con todo el corazón.»